Hoy 7 de agosto es uno de los días más esperados por la comunidad católica, porque se festeja el día de San Cayetano, conocido por toda la grey como el Santo del pan y del trabajo.
Aunque este año, la multitud que concurre habitualmente, para agradecer ó pedir un favor al Santo, deberá convivir con la presencia de la gripe A como parte del escenario. Una de las medidas de prevención será limpiar, frecuentemente, con alcohol en gel la imagen del Patrono del trabajo.
Estas son las imágenes que el equipo del blog registró en diversas zonas de nuestro barrio de Liniers, aledaños a la Iglesia de San Cayetano.


Las tierras del oeste de la capital a lo largo y lo ancho configuraban una extensión informe. Desde el partido de Flores hasta la actual Ciudadela y más allá, las llamaron: tierras de Liniers. El nombre del prócer de las invasiones inglesas y virrey de Buenos Aires, opinamos, se deba a una posible actuación personal en estos parajes, o a la existencia de un cuartel militar situado en la zona llamada Ciudadela, convertido en la actualidad en un museo histórico, o quizá, no sea más que un homenaje.
En el libro del señor Egidio Chierico: "Origen del Resurgimiento de Liniers (B.A. 1945) -escribe- que en el año 1872, a instancia de un vecino de la zona (Francisco Sosa), solicitó la construcción de una Estación, que el Directorio de la Compañía del Ferrocarril Oeste, fijó el nombre de Liniers".
Tal fue el origen del nombre de estas tierras que constituirían el escenario de la providencial devoción de San Cayetano, gracias a lo acontecido por la actuación de la Congregación del Divino Salvador, el deseo y actividad de los fieles zonales y a la labor de los sacerdotes.


Aquellas tierras, en esos tiempos antiguos, no constituían, desde luego, la actual pujanza del barrio de Liniers.
No existía la Avenida General Paz, el Ferrocarril, ni el Mercado de Hacienda. Estaban parceladas por quintas, chacras, casas de campo o de descanso de verano y algunos u otros negocios de comestibles, tabernas, boliches, pulperías, etc.
Un mapa topográfico del distrito de Liniers, sigue su diagramación con los nombres propios de sus dueños, delimitados a cien metros, por el "camino largo de tierra' (la actual Avenida Rivadavia, - ruta Nº 7), que partiendo desde el noroeste de la República se llegaba a la Capital, trayendo los trabajadores del campo en carros, chatas y carretas tiradas por bueyes y caballos, los frutos agrícolas ganaderos.
Se detenía en la zona del partido de Flores, donde estaban instalados mercados populares. También, se usufructuó dicha zona, como lugar de veraneo y descanso, pues, la ciudad capitalina limitaba en este solar (actualmente en el barrio de Flores) y por el norte por el arroyo "Maldonado", entubado luego y convertido en la Avenida Juan B. Justo.


Así eran aquellas tierras, cuando llegaron las Hermanas del Divino Salvador, desde la Santa Casa de Ejercicios Espirituales fundada por la Beata María Antonia de la Paz y Figueroa que, desde Córdoba llegó a pie a la Capital Federal. Aquellos terrenos pertenecieron según consta en documentos, a María Mercedes Cordova, quién los donó en 1830, a las Hermanas Religiosas, constituyéndose dueñas legítimas y desde ese momento iniciaron su labor religiosa en esas tierras de Liniers.


En ellas levantaron, en un sector, una Residencia de Descanso que, es el actual colegio regido por la Municipalidad.
En el centro construyeron una Capilla, pequeña y chata dedicada a San Cayetano, para la asistencia espiritual de los fieles: asistir a misa los domingos y fiestas de guardar, y en el otro sector enfrente, el Convento y el colegio de niñas (actualmente el Colegio de San Cayetano).
Es de suponer, la contratación de un capellán: que permanecía en la Residencia, o se llegaba todos los días o los domingos y fiestas de precepto.
Es necesario notificar que en aquellos tiempos, desde la zona parroquial de la Candelaria, hasta Martín, San Justo, Ciudadela y Ramos Mejía, no habla Iglesia, Capilla o Parroquia alguna. Por esto, el capellán de acuerdo con los vecinos, las Hermanas del Divino Salvador y el Arzobispado, deciden la construcción de una nueva Capilla (Origen de la actual parroquia).


Lo que acontece, desde hace tiempo en el barrio de Liniers conmueve y estremece la sensibilidad del pueblo de Buenos Aires y sus alrededores y aún más allá.
Esta transformación social religiosa popular sucede todos los días y los siete de cada mes, llegando a un clima de "fenómeno religioso", los siete de Agosto (día litúrgico de la festividad del Santo), llevan consigo una ritual organización del Santuario y de los sectores sociales del barrio con una atmósfera de fiesta, tan notable, que llama la atención del hombre común, del estudioso de las realidades religiosas, del antropólogo, del psicólogo, del sociólogo y del político.
La devoción de San Cayetano reviste un acontecimiento de permanente religiosidad popular, quizá única y peculiar en el mundo occidental por su forma expresiva y su contenido profundo de orden social.
Se adecua también a la tónica religiosa del moderno proceso histórico de evangelización integral latinoamericano, que, tal vez sin proponérselo anticipó significativa y eficazmente la actual llamada: Pastoral Popular - Pastoral de Social - Cultura Popular Social.


La devoción de San Cayetano permanece viva y pujante. No fue, por cierto, una moda eclesial impuesta por interés materialista. Hoy como ayer se trata de una realidad religiosa no esclarecida totalmente, pertenece al misterio de los designios de Dios y de la necesidad espiritual y material de los hombres.
Esta surgió, como se desprende del relato, por una realidad humana existencias, psíquica, moral y política de orden social.
Las crisis de esta índole, siempre crisis del hombre, implica en último término una temática religiosa, pues, cuando acontecen angustian al corazón humano e incitan a no aceptar un modo inhumano de estar en el mundo y a que vivan el deseo de vivir más dignamente acorde a la persona humana: buscan el aquí mejor y el más allá develado de incertidumbres, no por medios mágicos, sino por un orden religioso sobrenatural.
Toda religión - su etimología lo expresa- constituye una ligazón esencialmente libre, una convivencia y correspondencia sagrada-profana del hombre con la Divinidad: programa con la Revelación los misterios de Dios, una doctrina teológico verdadera, una liturgia y pastoral pedagógica con formulaciones, rituales gestos y acciones diversas acordes al espíritu cristiano. Esto dispone al hombre a vivir las contingencias terrenales, con una religiosidad trascendente.
El racionalismo cientificista procura desvirtuar la realidad religiosa auténtica, y los mitologistas ocultistas, y las sectas explotan las características religiosas convirtiéndolas en superstición y sectarismo pseudo religioso.

Chesterton en sus célebres paradojas dice: "Es locura meter el cielo en la cabeza, cuando es más cuerdo meter la cabeza en el cielo ".
El devoto de San Cayetano obra de acuerdo a su fe y al sentido común que dona la Evangelización de la Iglesia Católica.



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